En su discurso pronunciado hoy, 7 de marzo de 2026, durante la inauguración de la cumbre «El Escudo de las Américas» en su club de golf en Doral, cerca de Miami, Florida, el presidente Donald Trump ha revivido debates sobre la política exterior de Estados Unidos hacia Cuba. En el evento, que reunió a líderes de gobiernos de derecha en la región para discutir una coalición militar contra los carteles de droga, Trump declaró que Cuba está «en sus últimos momentos de vida» tal como existe actualmente, enfatizando su colapso inminente debido a la falta de recursos económicos y energéticos.
Trump afirmó: «Cuba está al final de la línea. Están muy al final de la línea. No tienen dinero. No tienen petróleo. Tienen una filosofía mala. Tienen un régimen malo que ha sido malo por mucho tiempo». Destacó que el régimen cubano dependía históricamente de Venezuela para obtener petróleo y fondos, pero que «no tienen nada» ahora, al punto de que los aviones que aterrizan en la isla no pueden obtener gasolina para partir y deben abandonarlos. Agregó que el gobierno cubano «quiere negociar» y que ya están en conversaciones con él, el secretario de Estado Marco Rubio y otros funcionarios: «Están negociando con Marco y conmigo y algunos otros. Y creo que se podría hacer un acuerdo muy fácilmente con Cuba».
Aunque no mencionó explícitamente una intervención militar directa ni un «tomar el control» forzado en este discurso específico, sus palabras —en el contexto de la «transformación histórica» lograda en Venezuela tras la captura de Maduro— han sido interpretadas por analistas como una señal de presión máxima para forzar un cambio de régimen o un acuerdo favorable a EE.UU., posiblemente un «takeover amistoso» como ha insinuado en declaraciones previas. Trump respondió a líderes regionales que le pedían «ocuparse de Cuba» con un simple: «Me encargaré de ello» («I’ll take care of it»).
Este artículo examina en profundidad la situación de Cuba actual, las implicaciones de las palabras de Trump y las potenciales repercusiones para la región, en un contexto donde la geopolítica caribeña podría reconfigurarse drásticamente.
Estas declaraciones se producen en medio de una intensificación de la campaña de «máxima presión» contra La Habana, incluyendo la orden ejecutiva de enero de 2026 que declaró una emergencia nacional respecto a Cuba y amenazó con aranceles a países que le suministren petróleo. El enfoque en negociaciones rápidas y un «acuerdo fácil» sugiere que Trump ve el colapso económico cubano —agravado por el corte total de suministros venezolanos— como una oportunidad para imponer condiciones que lleven a una «nueva vida» bajo mayor influencia estadounidense, alineada con su visión de restaurar el dominio hemisférico.
Este desarrollo refuerza la percepción de que Washington busca extender su control geopolítico en el Caribe tras los eventos en Venezuela, aunque el énfasis actual está en diplomacia coercitiva y económica más que en acción militar inmediata. La administración ha respondido con cautela a interpretaciones más agresivas, pero el tono de Trump en Doral ha encendido alarmas en la región sobre posibles repercusiones para la soberanía latinoamericana.
La situación de Cuba ha sido un punto de fricción en las relaciones interamericanas durante décadas, pero los eventos recientes la han llevado a un punto crítico. Con la economía en contracción y protestas esporádicas, la isla enfrenta desafíos que podrían precipitar cambios significativos. A continuación, desglosamos los aspectos clave.
La Crisis Económica y Social en Cuba: Un Panorama Desolador
La situación de Cuba en 2026 se caracteriza por una economía en ruinas, con un PIB que ha caído más del 10% en los últimos dos años, según estimaciones del Banco Mundial. La isla depende en gran medida de remesas, turismo y exportaciones de níquel y tabaco, pero el embargo estadounidense, reforzado durante la era Trump y mantenido por administraciones subsiguientes, ha estrangulado estas fuentes de ingreso.
En 2025, el huracán Ian causó daños estimados en $5 mil millones, destruyendo infraestructuras clave en La Habana y provincias orientales, lo que agravó la escasez de alimentos y medicamentos.Socialmente, las protestas de julio de 2021 —conocidas como el «11J»— han evolucionado en un descontento crónico.
En 2026, informes de organizaciones como Human Rights Watch documentan un aumento en detenciones arbitrarias y represión contra disidentes. La migración masiva es otro indicador: más de 300,000 cubanos han emigrado a EE.UU. en los últimos tres años a través de la frontera sur o rutas marítimas peligrosas, lo que representa casi el 3% de la población total. Esta «fuga de cerebros» ha dejado vacíos en sectores como la salud y la educación, pilares del modelo socialista cubano.
Políticamente, el gobierno de Miguel Díaz-Canel enfrenta presiones internas y externas. La alianza con Rusia y China ha proporcionado algo de alivio —Moscú ha enviado petróleo subsidiado y Beijing ha invertido en telecomunicaciones—, pero no suficiente para contrarrestar el aislamiento occidental. La situación de Cuba se complica aún más por la inflación galopante, que alcanzó el 200% en 2025, y cortes de electricidad diarios que paralizan la productividad. Analistas como el profesor de la Universidad de Miami, Jaime Suchlicki, argumentan que esta vulnerabilidad hace a la isla susceptible a intervenciones extranjeras, incluyendo la propuesta por Trump.
En este contexto, las declaraciones de Trump no son aisladas. Durante su presidencia (2017-2021), revirtió las aperturas de Obama, designando a Cuba como estado patrocinador del terrorismo y limitando viajes y remesas. Hoy, en 2026, con un Congreso dividido y elecciones midterms acercándose, sus palabras podrían influir en la agenda republicana, presionando al actual presidente para adoptar una línea más dura.
Declaraciones de Trump: Presión Máxima y Negociaciones Inminentes

Las palabras de Trump en Doral refuerzan su visión de una «Doctrina Monroe 2.0». Aunque enfatiza negociaciones rápidas —»un acuerdo muy fácilmente»— y menciona que «será fácil» con Marco Rubio involucrado, el tono sugiere que EE.UU. busca imponer condiciones que lleven a una «gran nueva vida» bajo mayor control o alineación con Washington. Expertos interpretan esto como diplomacia coercitiva respaldada por sanciones y el precedente venezolano.
La administración ha respondido con cautela a interpretaciones agresivas, pero el énfasis en un «gran cambio» inminente indica que Trump ve el colapso económico como oportunidad para forzar transiciones favorables.
La situación de Cuba bajo esta presión podría llevar a un colapso interno, facilitando el objetivo de Trump. Expertos como el economista Pavel Vidal, de la Universidad Javeriana en Colombia, predicen que sin reformas, Cuba podría enfrentar un default soberano en 2027, haciendola dependiente de ayuda externa —posiblemente de EE.UU. bajo condiciones estrictas.
Repercusiones para América Latina
Un cambio en la situación de Cuba impulsado por EE.UU. tendría efectos dominó. Venezuela, bajo Delcy Rodríguez tras la captura de Maduro en enero de 2026, ya muestra alineación: Rodríguez ha negociado levantamiento de sanciones y privatización parcial del petróleo.
Un acuerdo en Cuba cortaría lazos residuales, consolidando influencia estadounidense.Nicaragua (Daniel Ortega), Bolivia y Honduras podrían enfrentar presiones similares. La Cumbre «Escudo de las Américas» —con líderes como Javier Milei (Argentina), Nayib Bukele (El Salvador) y Daniel Noboa (Ecuador)— fortalece una coalición anti-izquierda, potencialmente extendiendo intervencionismo.
Económicamente, un control mayor en Cuba abriría mercados, beneficiando inversores estadounidenses pero tensionando con China (inversiones de $10 mil millones). Geopolíticamente, Rusia y China perderían aliados clave, escalando tensiones globales.
Actores Afectados: De Gobiernos a Empresas y Poblaciones
El pueblo cubano podría enfrentar resistencia o transición caótica. Gobiernos progresistas verían retroceso soberano; aliados de Trump ganarían influencia. Empresas como Sherritt o Airbnb se beneficiarían; firmas chinas como Huawei enfrentarían exclusión.
En EE.UU., la diáspora cubano-americana en Florida apoya el enfoque.
Conclusiones y Perspectivas Futuras
La situación de Cuba en 2026, al borde del colapso según Trump, se ve amenazada por presión máxima y negociaciones coercitivas. Improbable una invasión inmediata, pero la retórica podría llevar a aislamiento mayor y acuerdo forzado.
Para América Latina, representa avance del intervencionismo, con repercusiones en estabilidad y soberanía. ViVU seguirá monitoreando, ya que podría redefinir el mapa caribeño.
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