La sal es el ingrediente infaltable en las cocinas de Ecuador, pero un hallazgo científico de alcance internacional ha encendido las alarmas sobre lo que realmente estamos llevando a nuestra mesa. Una investigación publicada este 9 de marzo de 2026 en la prestigiosa revista científica «Microplastics» (de la editorial MDPI), confirmó que el 100% de las sales comerciales analizadas en el mercado de Guayaquil contienen microplásticos.

El estudio fue liderado por expertos de la Universidad de Guayaquil y la Universidad San Francisco de Quito (USFQ). Los resultados son contundentes: estas diminutas partículas, invisibles al ojo humano, están presentes en todas las marcas y variedades analizadas, desde la sal de mesa común hasta la sal marina y rosada.

Evidencia microscópica: El estudio publicado en la revista Microplastics detectó que la mayoría de los contaminantes en la sal de Guayaquil son fibras de origen textil, provenientes del lavado de ropa sintética que termina en los océanos. / Foto: Estudio Villafuerte-Campi et al., 2026.
Evidencia microscópica: El estudio publicado en la revista Microplastics detectó que la mayoría de los contaminantes en la sal de Guayaquil son fibras de origen textil, provenientes del lavado de ropa sintética que termina en los océanos. Foto: Estudio Villafuerte-Campi et al., 2026.

Esta contaminación es el resultado de la degradación masiva de desechos en nuestros océanos y ecosistemas que, finalmente, se filtran en la cadena alimentaria. Según los investigadores Brian Villafuerte-Campi y Beatriz Pernía, autores principales del artículo, la presencia de estos polímeros en un producto de consumo masivo representa un desafío urgente para la salud pública en el país.

¿Qué tipo de plástico estamos comiendo?

El análisis detallado de las muestras recolectadas en tiendas y supermercados permitió identificar polímeros específicos como PET (usado en botellas) y poliamidas (fibras textiles).

Un dato que llama la atención de los investigadores es que más del 90% de las partículas encontradas son fibras de color azul. Esto sugiere que la mayor fuente de contaminación proviene de la industria textil y el lavado de ropa sintética, cuyos residuos terminan en el mar y, finalmente, en el proceso de producción de la sal.

Además de fibras textiles, el estudio científico identificó fragmentos irregulares de plástico rígido en la sal comercializada en Guayaquil. Estas partículas provienen de la degradación de envases de comida y desechos plásticos que contaminan el ecosistema marino. Foto: Microplastics / Villafuerte-Campi et al., 2026.
Además de fibras textiles, el estudio científico identificó fragmentos irregulares de plástico rígido en la sal comercializada en Guayaquil. Estas partículas provienen de la degradación de envases de comida y desechos plásticos que contaminan el ecosistema marino. Foto: Microplastics / Villafuerte-Campi et al., 2026.

La sal marina: la más afectada

Aunque el estudio analizó diversas variedades, los resultados mostraron que la sal marina y la sal azul presentan las concentraciones más altas de microplásticos. Esto se debe a que su obtención directa del agua de mar la hace más vulnerable a los sedimentos contaminados que flotan en las costas.

Por otro lado, la sal de roca y la sal rosada, aunque presentaron niveles ligeramente menores, no estuvieron libres de estas partículas, lo que demuestra que la cadena de procesamiento y empaque también juega un rol en la contaminación.

Un llamado a la salud pública

Más allá del impacto ambiental, la presencia de plástico en los alimentos plantea serias interrogantes sobre la salud a largo plazo. Según los expertos, la ingesta constante de estas micropartículas está relacionada con:

  • Inflamación celular y estrés oxidativo.
  • Potenciales riesgos metabólicos.
  • Afectaciones que aún están bajo investigación científica global.

En una encuesta realizada como parte del estudio, el 95.4% de los ciudadanos consultados en Guayaquil manifestó su apoyo a la creación de regulaciones nacionales más estrictas, como nuevas normas INEN, que obliguen a las empresas a garantizar la pureza de la sal y reducir la presencia de estos contaminantes.

La investigación, financiada por la Municipalidad de Guayaquil y apoyada por la Fundación Bioelit, pone sobre la mesa la urgencia de repensar nuestro consumo de plásticos y las políticas de control alimentario en el país.

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