La expansión de la inteligencia artificial (IA) no solo está transformando las aplicaciones y servicios digitales. También está cambiando la infraestructura física necesaria para procesarlos.
Los centros de datos enfrentan una nueva realidad: los servidores utilizados para inteligencia artificial y computación de alto rendimiento concentran cada vez más capacidad de procesamiento en espacios reducidos. Esto incrementa las necesidades de energía, refrigeración, distribución eléctrica y planificación del espacio.
La llamada área blanca —el espacio donde se encuentran los racks, servidores, equipos de redes y sistemas de tecnología de la información— deja de ser únicamente un lugar operativo y adquiere un papel estratégico para garantizar la capacidad y continuidad de los servicios digitales.
Racks que demandan cada vez más potencia
Uno de los principales cambios está relacionado con la densidad energética de los racks.
Mientras que los centros de datos tradicionales han trabajado durante años con densidades relativamente menores, las cargas asociadas a IA y computación acelerada están elevando considerablemente estos requerimientos.
Vertiv señala que las implementaciones de IA ya contemplan configuraciones de 70 kW y 100 kW por rack, mientras que sus diseños más recientes llegan a soportar entre 120 y 142 kW por rack, dependiendo de la configuración y la tecnología utilizada.
Esto significa que la infraestructura debe ser capaz de llevar suficiente energía hasta cada rack y, al mismo tiempo, retirar el calor generado por los equipos.
El calor se convierte en uno de los principales desafíos
La mayor capacidad de procesamiento implica también una mayor generación de calor.
Los sistemas tradicionales basados exclusivamente en aire pueden resultar insuficientes para determinadas configuraciones de alta densidad. Por ello, las tecnologías de refrigeración líquida están ganando relevancia en instalaciones diseñadas para cargas de IA.
Entre las alternativas se encuentran el enfriamiento directo al chip, que lleva líquido hasta sistemas próximos a los componentes que generan mayor calor, y los intercambiadores de calor de puerta trasera, que ayudan a retirar el calor directamente desde los racks.
Vertiv señala que sus diseños de referencia para IA combinan refrigeración líquida y por aire y pueden alcanzar densidades de hasta 132 kW por rack en determinadas configuraciones.
La infraestructura eléctrica también debe evolucionar
El desafío no está únicamente en enfriar los servidores.
Cuando aumenta la potencia de cada rack, también deben adaptarse los sistemas encargados de distribuir y proteger la energía eléctrica.
Esto implica considerar desde la alimentación del centro de datos hasta las unidades de distribución de energía instaladas en los propios racks. La planificación debe contemplar además redundancia, monitoreo, capacidad de expansión y eficiencia.
En soluciones desarrolladas específicamente para IA, Vertiv ya contempla sistemas de distribución eléctrica de alta densidad y soluciones capaces de escalar hasta 132 kW por rack.
Diseñar pensando en lo que viene
Uno de los principales desafíos para los operadores de centros de datos es evitar que una instalación diseñada para las necesidades actuales quede rápidamente limitada por el crecimiento de las cargas de procesamiento.
Por eso, la planificación del white space debe contemplar no solo cuántos racks serán instalados inicialmente, sino también cuánta energía necesitarán en el futuro, cómo serán refrigerados y cuánto espacio requerirán los nuevos equipos.
El concepto de infraestructura modular permite precisamente incorporar capacidad de manera progresiva, reduciendo la necesidad de realizar grandes rediseños cada vez que aumenta la demanda.
Vertiv, por ejemplo, ha desarrollado soluciones como SmartRun, que integra infraestructura de distribución eléctrica, tuberías para refrigeración líquida, contención de pasillos y conectividad de red en una arquitectura modular.
¿Qué significa esto para Ecuador?
Para Ecuador, el crecimiento de aplicaciones de inteligencia artificial, automatización, servicios digitales y analítica avanzada también plantea preguntas sobre la capacidad de la infraestructura tecnológica.
Las empresas que planeen ampliar sus capacidades de procesamiento deberán considerar variables como disponibilidad eléctrica, capacidad de enfriamiento, espacio físico, conectividad, redundancia y posibilidades de expansión.
Esto resulta especialmente relevante para organizaciones que buscan implementar cargas de IA localmente o ampliar sus centros de datos sin tener que reconstruir completamente sus instalaciones en pocos años.
En este escenario, el diseño debe pasar de una lógica de capacidad inmediata a una planificación que considere la evolución de las cargas de TI.
La infraestructura detrás de la inteligencia artificial
La IA suele presentarse desde el punto de vista de los algoritmos, los modelos y las aplicaciones. Sin embargo, detrás de cada servicio existe una infraestructura física que permite procesar y almacenar los datos.
A medida que los modelos de inteligencia artificial requieren mayor capacidad de cómputo, los centros de datos deberán responder con más potencia, mejor gestión térmica y diseños capaces de crecer.
La propia industria ya trabaja con arquitecturas que superan los 100 kW por rack y con sistemas de refrigeración líquida diseñados para cargas de alta densidad.

